30/10/11

Sonría le estamos grabando.

Como todo turista curioso y entrometido, recorro la calles de mi nueva ciudad de residencia, Salamanca, tratando de adaptarme al lugar y a su gente. Aunque, prefiero no tomar muchas fotografías para no delatar mi status de viajero recién llegado, deambulo divirtiéndome con todas las cosas curiosas que veo.
Y entre tanto paseo hay una cosa que me ha llamado mucho la atención. Me he dado cuenta que en ciertos lugares de la ciudad se ocultan pequeñas cámaras que registran todos los movimientos de las personas que pasan. Seguramente en muchas partes del mundo ocurre lo mismo. Estamos rodeados de ojos anónimos que nos miran. A pesar de que mucha gente es consciente de que es vigilada, pocos somos los que nos preguntamos. ¿A donde van esas imágenes y para qué se utilizan?. Si bien es cierto que existe inseguridad en el mundo y que hemos estado expuestos últimamente a un ambiente bastante hostil, también estoy convencida de que en la última década la “seguridad” ha sido tratada como otro producto de consumo masivo, con el que se han justificado guerras y se han vendido teléfonos celulares y pólizas de salud, entre otras cosas. Puede que suene un poco a delirio de persecución pero a mi no me vende mucho la idea de que todo un sistema de cámaras muy costoso y sofisticado sirva simplemente para evitar un siniestro o para delatar a un simple criminal callejero. Yo mas bien pienso mal y apunto a que las cámaras son de cierta manera una herramienta más de esta gran estrategia de marketing moderno que camuflado con la palabra “seguridad” nos vende infinidad de productos. Creo que al igual que Facebook, estas cámaras registran nuestros movimientos, gustos y comportamientos en grandes bases de datos a manera de información que luego será vendida al mejor postor, sin importar el propósito. Ahora nuestra identidad le pertenecen a grandes corporaciones que, nos guste o no, siguen lucrando de nuestro miedo y de nuestra sed de consumo. Después de esta pequeña reflexión, ahora solo sonrío ante las cámaras y siento un poco de vértigo de lo que podría ser nuestro futuro.