Me gusta la fotografía, pero no como una forma de coleccionar escenas, sino mas bien como una forma de retroceder en el tiempo. Es curioso ver las fotos pasadas. Producen sensaciones diversas. Muchas veces nos trasladan a lugares o nos recuerdan a personas, inclusive algunas nos describen lo que fuimos. No obstante cuando las observamos desde el presente, producen una especie de nostalgia porque son simplemente recuerdos grabados en la memoria, que nos conmueven desde un pedazo de papel o desde un archivo digital. Hay fotos que estéticamente pueden verse bien aunque su valor no radica en su forma sino mas bien en su contenido emocional. Trascienden solo por el hecho de que traen virtualmente al presente un momento que nos llamó la atención tiempo atrás. Entonces yo me pregunto ¿Es tan importante fotografiar un momento si ese momento está impreso en nuestra cabeza? ¿Por qué esa manía de querer archivar en papel lo que esta archivado en la memoria? ¿No es mejor disfrutar el instante en el que suceden las cosas, sin intentar capturarlo y perderlo para siempre?. A veces solo hace falta un click mental para guardar momentos en la cabeza. Sin embargo que lindo es ver esas fotos que nos hacen reír y llorar y que nos muestran ese intangible erase una vez. Disfruto mis clics mentales y disfruto fotografiar momentos que aunque sé que están en mi cabeza algún día serán percibidos desde otro punto de vista y serán el motivo de una conversación, de una emoción, o de una sonrisa. El pasado aunque sea complicado siempre nos muestra su mejor cara a través de las fotos.