Viernes
3pm: Reviso mi buzón de correo y recibo una carta escrita del puño y letra de un
amigo a la distancia. Un sobre con una postal que viajó mas de 8000 km para
poder estar en mis manos. Un pedazo de cartulina que me alegró toda la semana
con su mensaje cómico e intrascendente y que me transportó por un instante a mi
tierra. Ayer la puse junto a mi velador y la miré como 20 veces hasta que decidí
guardarla como un lindo recuerdo junto a mis documentos importantes. Después de este emotivo suceso, me quedé pensando.
¿Qué
elemento mágico tiene una carta que hace que el ser humano moderno, se conmueva
tanto? Y llegué a la conclusión de que la magia de toda la historia se
encuentra en un componente simple: El papel.
La
era de lo virtual se está tragando al mundo. Cada día que pasa el papel se
vuelve menos útil y menos importante. Y no es ciertamente por una conciencia ecológica porque de
todas maneras se lo sigue explotando y malgastando. Es la ignorancia y el
consumismo que hacen que un teléfono celular sea más interesante que un libro.
Y que sea mejor utilizar el papel para un envoltorio de regalo que
para un poema. No nos damos cuenta lo importante que es y ha sido este noble
material para nuestra historia y para el desarrollo humano.
Definitivamente el
papel es un tesoro que se está
extinguiendo y que muy pocos lo
pueden valorar.
La cuestión del papel no es que éste deje de existir, es que se
lo utilice de manera la correcta.
Así
como un trozo de madera en una guitarra nos regala hermosos sonidos; un pedazo
de árbol transformado en un papel nos regala la posibilidad de imprimir
nuestras ideas y compartir nuestras historias y puntos de vista. Un simple y sencillo
papel nos puede relatar el pasado, mostrarnos como funcionan
las cosas y ayudarnos con la comunicación entre seres humanos.
Es la partitura donde
descansa la música, el lienzo donde se revelan los colores, el recetario donde
se preservan los sabores, el muro donde se guardan las fórmulas y el espacio en
blanco donde se revelan los sentimientos.
Es
nuestro libro favorito, la carta de un enamorado, el mensaje en una botella, la
postal de un turista, la biblia de un cristiano, el grabado de un pintor, el
manuscrito de un monje, el cuaderno de un estudiante, el archivo histórico, la
receta de la abuela… En fin, es ese pedazo de árbol con vida propia que nace y
muere atesorando nuestras ideas.
Entonces
salvemos al papel. Utilicémoslo para conmovernos y no para cualquier otra cosa
inútil.
Los árboles son el oxigeno del planeta. Un papel más, es un árbol
menos. Tener un papel por lo tanto es un lujo que realmente deberíamos saber
apreciarlo y considerarlo.
No nos obsequiemos
regalos envueltos de papel, mas bien obsequiémonos papeles rellenos de
regalos.